Dra. Gioconda Batres Méndez.
Directora:
Programa Regional de Capacitación contra la Violencia de Género y Trauma Instituto Latinoamericano de Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente
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VIOLENCIA INTRAFAMILIAR Y LA INTERVENCIÓN POLICIAL DESDE EL GÉNERO

el 15/12/2009 12:40:00 (4976 Lecturas)



 


Programa Regional de Capacitación contra la Violencia de Género del

Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (ILANUD) 


Seminario Internacional sobre El Uso de la Fuerza

y la Protección de los Derechos Humanos


Ciudad de Cancún, en el Estado de Quintana Roo

 3 y 4 de diciembre del 2009

VIOLENCIA INTRAFAMILIAR

Y LA INTERVENCIÓN  POLICIAL DESDE EL GÉNERO


 


Dra. Gioconda Batres Méndez

Directora del Programa


En el abordaje del problema de abuso sexual y la agresión a mujeres y niños se enriquece cuando se hace desde una perspectiva de género. Esto significa un reconocimiento de la desigualdad de opciones y poder entre hombres y mujeres, dentro y fuera de la familia y aunque la raza y la clase social son también fuentes de opresión, solamente el género está siempre presente como categoría básica de organización social y familiar. El género como categoría también designa una realidad psicológica, que como conjunto de pensamientos y emociones, contribuye a estructurar los seres humanos y la sociedad estableciendo jerarquías de las actividades humanas, en donde lo masculino tiene más valor que lo femenino (Batres 1995).




Muchos estudios han demostrado que el abuso sexual y otros abusos a las/os niñas/os y a las  mujeres son consecuencia de la forma en la cual se estructura ese poder en la familia y en nuestra sociedad. En la familia hay una jerarquía de poder basada en el sexo, edad y distribución de recursos materiales y personales. Por lo general la persona que tiene estos recursos y atributos es el hombre adulto. La posición de poder de los hombres como jefes de familia han sido legitimados por el esquema de la familia patriarcal y las instituciones sociales han apoyado y reconocido este poder.


La violencia doméstica contra las mujeres es un aspecto de la vida familiar y social que ha permanecido oculto y ausente como tema de estudio en la formación curricular de los profesionales que en el futuro tendrán la responsabilidad de formar, educar y atender a las mujeres y a los niños/as.


Desde hace tres décadas el movimiento de mujeres ha cuestionado paradigmas y ha impulsado grandes cambios en las corrientes científicas contemporáneas. Por ejemplo, ha introducido conceptos tales como el de género, señalando las diferencias entre los sexos, y develando la condición de opresión de las mujeres. La identidad de género no está constituida por el sexo biológico, sino por el hecho de vivir, desde el nacimiento, las experiencias, los ritos y las costumbres que se consideran apropiadas para lo masculino o lo femenino.


En consecuencia, podemos afirmar que aspectos como la estructura jerárquica y la distribución del poder en la familia, están apoyados en estas creencias heredadas a través de los siglos.


Que a causa de su naturaleza las mujeres están destinadas a ejercer funciones maternales, más allá de la procreación; que las mujeres y las niñas pertenecen a los esposos-padres y por lo tanto éstos tienen el deber de disciplinarlas, violentarlas, o explotarlas sexualmente. Este poder disciplinario se mantuvo con el carácter de lícito, aún a lo largo de este siglo, siempre que se aplicase dentro de límites prudentes.


El derecho, como otras disciplinas asumen estos implícitos en su doctrina, funcionando además como si estas diferencias de poder no existiesen, que los hombres y las mujeres compartimos la familia y la sociedad por igual. Como se ha podido observar, los hombres y las mujeres habitan en mundos sociales diferentes y su igualdad ante la ley es una abstracción que no se ajusta a la realidad. (Walker, 1989). Lamentablemente el desconocimiento de esta realidad siempre conduce a la revictimización de las víctimas de estos crímenes, que como se ha demostrado, en el 90% son mujeres. Aún en nuestros días la agresión física hacia las mujeres sigue oscurecida por mitos, presentes, en la sociedad y en los juzgados, en la acción policial, que no han hecho más que perpetuar el concepto de que la mujer ha provocado su propia agresión, o la merece.


En cuanto a los crímenes sexuales, en la región, el patrón de victimización por incesto, abuso sexual, violencia en la pareja muestra la misma distribución estadística por sexo que otros países donde se ha estudiado el fenómeno. Y en el abuso sexual intrafamiliar, el 90% son niñas, y que el incesto padre – hija es el más frecuente. Esta diferencia por sexo en la comisión de incesto y abuso sexual solo pueden ser entendidos desde la perspectiva de género, ya que las teorías tradicionales no explican esta discrepancia. En consecuencia, al estar el incesto rodeado de mitos, las explicaciones no han contribuido a que las/os niñas/os sigan sintiéndose culpables.


Nos encontramos ante el mismo fenómeno en relación con la violencia física conyugal, contra las mujeres.


Como datos importantes podemos las siguientes cifras:


En Costa Rica 34 mujeres agredidas han sido asesinadas por sus esposos o ex - esposos en el 2009. La mayoría de ellas solicitaron previamente ayuda a la policía.


La Delegación de la Mujer recibe actualmente más de 8000  denuncias por año por agresión a mujeres y cada caso es más dramático que el anterior.


El grupo “Mujer no Estás Sola” informa que de los cientos de mujeres agredidas atendidas, el 58% se han sentido en riesgo de muerte. Muchas de ellas, en efecto fueron asesinadas.


En Panamá, El Salvador, Nicaragua, Honduras, el patrón de victimización física, sexual y psicológica de la mujer es similar; alcanza 50% de las parejas de todos los países.


Es claro que estos crímenes contra la violencia tienen que ver con la certeza de “posesión, objetivación”, que los hombres agresores poseen sobre las mujeres. La violencia contra las mujeres tiene sus raíces en la desigualdad y en la discriminación.


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