Fecha 22/1/2010 12:50:00 | Tema: Articulos


Introducción
 

El abuso sexual contra los niños y las niñas, sea quien sea que lo cometa deja en los niños y las niñas, profundas y dolorosas secuelas.

 Al interior de la familia nuestros niños y niñas corren enormes peligros y por razones de edad, son vulnerables y dependen de sus abusadores, quienes en su mayoría son hombres. Y aunque se conocen más víctimas niñas que niños, ambos están expuestos/as a ser abusados/as, por su gran vulnerabilidad.

Las secuelas del abuso sexual pueden variar, dependiendo de la edad, características del abuso, edad de su inicio, vínculos con el abusador, la respuesta familiar y estatal, entre otras. Siempre es destructivo, deja secuelas a corto y largo plazo, las que intervienen en su sano desarrollo cognitivo, emocional y conductual.

 En los últimos quince años, en América Latina, y la sociedad civil y más recientemente el Estado se ha dado a la tarea de hacer conciencia de que el abuso sexual existe, es dramáticamente frecuente, que contamos con pocas medidas de protección y prevención y escasas capacidades institucionales para proveer recuperación. La tarea no ha sido fácil, y cada país reacciona de distintas formas de acuerdo con su capacidad democrática, desarrollo en el área de salud, de educación y respeto a los derechos humanos de los/as niños/as.

El problema

Al empezar a conocer mejor el problema del abuso sexual infantil y por lo tanto generarse capacidad para hacer prevención y diagnóstico temprano, nos encontramos ante otra situación no menos dolorosa. Y es que muchos de estos/as niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente y cuyo desarrollo armónico fue impactado en todas las áreas, incluyendo la sexual, pueden repetir en forma reactiva el abuso sufrido y abusan sexualmente a otros/as niños/as.

El incremento en el conocimiento público sobre el abuso sexual infantil y sus secuelas tiene que ver con el dramático aumento en el número de casos reportados, el interés de los medios de publicidad, las organizaciones no gubernamentales, el activismo de sobrevivientes adultas y adultos, entre varios otros factores. Sin embargo, el abordaje de niños/as reactivos/as sigue siendo un enigma.

Estos estudios sobre abuso sexual nos enseñaron otras lecciones. Hemos aprendido que los perpetradores del abuso sexual no son solo adultos o sólo hombres, sino también adolescentes, niños y niñas, que han perpetrado actos sexualmente abusivos contra otros/as niños/as.


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Las secuelas

Nuestra comprensión del trauma causado por la victimización en la infancia y sus efectos a corto y largo plazo está apenas investigándose en América Latina. Sin embargo, publicaciones relacionadas con los efectos del abuso sexual en la infancia, indican que las víctimas experimentan una compleja y variada respuesta (Batres, 1997).

 Los/as niños/as reaccionan, procesan e integran su victimización según una gran cantidad de variables. Sus reacciones pueden ser obvias o estar ocultas, pero siempre se presentan. Algunas son transitorias y otras permanentes, y que sin intervención suelen durar toda la vida.  Por eso debemos ir a la cabeza con métodos nuevos para enfrentar los efectos posibles en los/as niños/as victimizados/as. (Ballester-Pierre, 1995).

En la medida que hemos afinado nuestra capacidad para diagnosticar en edades tempranas el abuso sexual, al mismo tiempo que desarrollamos metodologías específicas para tratarlos, también nos fuimos encontrando con una realidad que históricamente habíamos negado y que no resulta menos preocupante: esta es la que niños y niñas que fueron abusados/as sexualmente pueden reproducir estos contactos abusivos en forma reactiva, cabe señalar, se convierten en abusadores/as de otros/as niños/as después de que han sido víctimas por parte de otros/as niños/as, adolescentes o adultos/as.

 La revelación o la discusión del abuso sexual en niños y niñas, ha sido siempre un tema tabú; sin embargo, ocurre desde hace mucho tiempo y el no tratar el tema abiertamente no hace otra cosa más que aumentar las consecuencias negativas para quienes han sido víctimas como las que abordo en el manual de mi autoría. Es hasta hace muy poco que en Latinoamérica se ha incrementado la conciencia para denunciar el abuso sexual contra los las niños/as y se han apoyado dichas denuncias con estadísticas que revelan prevalencias alarmantes.

Victima / victimario

Sin embargo la confirmación de que niños y niñas cometen conductas abusivas sexualmente contra otros/as menores no es por supuesto un asunto fácil de comprender y mucho menos de tratar. El desafiar los paradigmas tradicionales y aceptar que niños y niñas también abusan, ha creado una situación compleja Si bien el objetivo de una pronta intervención es interrumpir la evolución y repetición de la ofensa sexual. Ya sea para fines jurídicos, diagnósticos o terapéuticos, el papel simultáneo de -victima y ofensor, nunca ha sido una situación sencilla de comprender y requiere una intervención por demás específica. Además, no es posible aplicar los mismos criterios de evaluación que se emplean para los/as adultos/as y adolescentes.

Para efectos de este artículo: El abuso sexual reactivo se refiere a conductas sexuales abusivas hacía otros/as niños/as que han sido previamente abusados/as sexualmente.      

Se entenderá que el comportamiento sexual inadecuado en niños y niñas es aquel que está dirigido hacia otros/as niños/as, ya sean hermanos/as u otros/as niños/as que compartan una residencia, compañeros/as de escuela o algún grupo, u otros/as niños/as en situaciones que no son recíprocas o exploratorias y que implican una diferencia de edad y/o poder (Batres 2003, Ballester Pierre ,1995).

La frase niños/as que abusan en forma reactiva fui acuñada por el personal del Instituto de los Niños, cuando iniciaron en 1985 en Estados Unidos, sus programas (Batres, 2003, Gil, 1993). La frase refleja el concepto que los/as niños/as que han sido abusados/as sexualmente, reaccionan al trauma temprano que produce el abuso sexual, en forma abusiva, y sexualmente inapropiada La hipótesis es que muchos niños y niñas que abusan fueron anteriormente víctimas.

 Johnson en 1988, condujo una investigación con niños que abusan y encontró que el 49% fueron abusados previamente. Esto nos dice también que no todos los/as niños/as abusados/as sexualmente repiten la conducta.   En cambio el estudio de niñas que abusan, que es menor que la de los niños, en la experiencia clínica de Batres (2004) y Johnson  (1998) reportan que el 100% de las niñas estudiadas habían sido abusadas previamente. 

Algunos autores como (Ryan y Lane, l997, Batres 1999) también toman en cuenta el factor poder y consideran que hay abuso, aunque se dé entre niños/as de la misma edad, cuando alguno tiene menos poder y esta situación se utiliza para forzar el abuso. Por ejemplo, el poder puede darlo el tamaño físico, o la pertenencia a una pandilla, la preferencia o credibilidad por parte de algún/a adulto/a, la posesión de mayores recursos económicos, hacer uno o varios eventos para ridiculizar públicamente a la futura víctima y amenazarla con repetirlo, entre muchas otras acciones.

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 Investigación

 Existen muy pocos estudios sobre los/as niños/as que abusan sexualmente en forma reactiva. A continuación se presentarán tres informes, los primeros reportados por Gil (1993) y realizados por Johnson y por Batres (2004).



  Autor

Johnson (1)

Johnson (2)

 Batres

Número de niños/as

47 niños

13 niñas

10 niños

Edad

4-12 años

4-12 años

6-11 años

Antecedente de victimización sexual

50% abusados sexualmente

100% abusados sexualmente

50% abusados sexualmente

Iniciaron a abusar (promedio)

8 y ½ años

6 años

7 años

No. de víctimas (promedio)

2

1

2

Diferencia de edad con las víctimas (promedio)

4 ½ años

4 años

4 años


Johnson (1) 1989. Johnson (2) 1989. Batres (2004)

En el año 2003, Batres publica un Manual de Tratamiento para niños/as que abusan sexualmente, con el apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FUNUAP), Defensa de los Niños Internacional (DNI) y el Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica del Instituto Latinoamericano de las Naciones Unidas para la Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente (ILANUD) ;y empieza a dar cursos para entrenar terapeutas en el tratamiento de estos niños/as, utilizando esta publicación como herramienta. Es un tema que por su novedad y dificultad aún no se encuentra en las agendas de capacitación en Latinoamérica. Por esto, debemos continuar trabajando para suspender esta cadena y ya sabemos que entre más pronto intervengamos, mayores males futuros podrán detenerse. Porque hay reportes que cuando estos/as niños/as llegan a la adolescencia y adultez, tendrán menos posibilidades de rehabilitación. Es pertinente decir que no todos los/as niños/as abusados/as, repiten la conducta sexual abusiva posteriormente. También que no todos los abusadores sexuales masculinos tienen como antecedentes el abuso sexual infantil. Tenemos que tener mucho cuidado de no ver a los abusadores sexuales adultos como víctimas. El abuso sexual perpetrado por adultos es un delito penal.

 El género hace la diferencia

En la literatura clínica, la gran pregunta es: ¿Cuáles factores contribuyen a que algunos/as niños/as, especialmente los varones abusen sexualmente como reacción a su victimización y por qué otros niños/as que no fueron abusados sexualmente tienen comportamientos abusivos sexuales. Factores asociados al género, como hemos explicado son probablemente determinantes. Estudiando la familia de muchos ofensores juveniles también, es claro que situaciones familiares intervienen en la construcción de la ofensa. Las familias con estereotipos sexistas, en donde las mujeres, niños y niñas son considerados objetos sexuales, son caldo de cultivo para que niños/as que no han sido abusados/as en su infancia sean abusadores sexuales en el futuro. Este tipo de respuestas se aprenden y es un factor presente en familias de adolescentes que abusan. Son familias muy misóginas, las mujeres no son más que cosas, se lee y se observa pornografía y muchos de ellos son estimulados por sus padres para tener sexo con prostitutas (Batres, 2000).

La mayoría de reportes sobre abusadores sexuales apuntan que el sexo del abusador es masculino, alrededor de un 90% en estudios publicados  (Batres, 1997) .

Dado que las victimas son mayoritariamente niñas, entonces. ¿qué pasa en el camino? La teoría de género nos ha dado la respuesta más satisfactoria Este marco teórico propone que más allá de las condiciones dictadas por el sexo biológico,está el género, que son las imposiciones culturales para cada sexo, quien determina el comportamiento posterior de hombres y mujeres. Vivimos en sociedades patriarcales, llamadas así porque estos mandatos han sido dictados e impuestos históricamente por los hombres. Lo masculino se designa como lo más valioso y en la mayoría de nuestras culturas tiene que ver con fuerza, violencia, certeza de propiedad hacia las mujeres, niños y niñas. Vida pública, dificultad para ponerse en contacto con sentimientos, permisividad hacia con comportamientos abusivos, confusión entre ternura y sexo son parte de los roles aceptados para los hombres. A las mujeres por el contrario, se le enseña la sumisión, dependencia, debilidad, que sus espacios son en el hogar, resignación, cuidado de los/as niños/as, condiciones propicias para ser más bien víctimas.

Patriarcado es un término que se utiliza de distintas maneras, en general su acepción más aceptada se refiere a la manifestación e institucionalización del dominio masculino en la familia y la sociedad.  Una manifestación de esta asimetría de poderes es la exaltación de lo genéricamente atribuido a los hombres, entre lo que está implícito la subordinación sexual de mujeres niños y niñas.

Esto explica cómo muchos niños más que niñas  abusados, ya como adolescentes y adultos varones siguen repitiendo conductas abusivas sexualmente. De esa manera "tapan", el sentirse débiles. Mientras las mujeres por condiciones de género, aunque pudieran ser abusadas van aprendiendo del dolor y desarrollando la sensibilidad para no repetirlo.

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Tratamiento

El tratamiento en grupo es el método más eficaz para tratar este tipo de casos aunque su filosofía y metodología también pueden funcionar en la terapia individual. Este tratamiento proporciona una oportunidad para interactuar con niños/as en las mismas circunstancias, y con esto se disminuye el sentimiento de vergüenza y ayuda a romper el secreto; lo que se adjunta a otros beneficios que impulsan a una recuperación positiva para sus participantes.

No existen aún estadísticas latinoamericanas de prevalencia.  Primero, porque el tema no ha sido prioridad en las investigaciones, aún menos en países en que ni siquiera se le da importancia al abuso sexual hacia niños/as y adolescentes. Segundo, porque desde el principio de la cadena el tema está lleno de problemas. Luego, los niños/as que abusan en general lo hacen con hermanitos/as y amiguitos/as. Y ya esta dinámica ofrece más dificultades. Tercero, lo derivado de manejar la sexualidad infantil que es tabú y las características de los vínculos entre niños/as reactivos/as y las victimas. Es en la escuela en el lugar en donde puede ser más visible el fenómeno cuando la víctima le revela a su maestro/a. En la familia, la tendencia es callar el problema y considerarlo juego de niños/as. Especialmente cuando es un niño quien abusa, se le justifica como parte de su estereotipo masculino de género.

El tratamiento en grupo es el método más eficaz, aunque su filosofía y metodología pueden funcionar en terapia individual. Este tipo de tratamiento grupal proporciona a los niños y niñas, disminuir la vergüenza, y ayuda a romper el secreto, al estar con iguales.

Si los niños y niñas que ingresaron al grupo o asistirán a terapia individual, por haber tocado sexualmente a otro niño o niña, ha sido también victimizados, este segundo asunto deberá ser tratado después y no en la misma terapia. Esto porque hay otras víctimas, se dificulta el desarrollo de la empatía y la terapeuta puede sentirse muy ambivalente, lo que complica a los niños/as el proceso de asumir la responsabilidad. (Batres, 2003).

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Bibliografía



  • Ballester -Pierre, F. (1995).  Child Survivors and Perpetrators of Sexual Abuse. Hunter, M. Editor. Sage Publications. USA.

  • Batres, Gioconda. (1997). De] Ultraje a la Esperanza. Tratamiento para las Secuelas del Incesto. ILANUD. Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica. San José. Costa Rica.

  • Batres, Gioconda (2000). El Lado Oculto de la Masculinidad. Tratamiento para Ofensores. ILANUD. Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica. San José, Costa Rica.

  • Batres, Gioconda (2003). Niños/as que abusan sexualmente en forma reactiva. Manual para terapeutas. ILANUD. Programa Regional de Capacitación contra la Violencia Doméstica. San José, Costa Rica.

  • Batres, Gioconda (2004) Niños/as que abusan sexualmente. Manual para facilitadores. Fundación Sobrevivientes. Managua, Nicaragua.

  • Gil Eliana y Johnson, Toni. (1993). Sexualized Children. Launch Press. USA

  • Ryan, Gail y Sandy Lane. (1997). Juvenil Sexual Offending: Causes, Consequences, and Correction. Jossey-Bass. Inc. Publishers. San Francisco, California.






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